El mal hábito de procrastinar

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El mal hábito de procrastinar

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¡Hola!

Pasé varios días pensando sobre cuál podría ser el tema a conversar para mi siguiente blog y luego de varios días se me ocurrió que podría ser sobre un tema que afecta el cumplimiento de propósitos y compromisos, y es el mal hábito de procrastinar.

Procrastinar es una palabra que está de moda. Proviene del latín cras que significa mañana o adelante. Implica posponer o dejar para más tarde tareas, deberes, cumplir propósitos y responsabilidades por otras actividades que nos resultan más gratificantes al momento, pero que son de baja importancia.

Lo que sucede con los propósitos cuando procrastinamos

Procrastinar es una forma de evadir, usando otras actividades para no enfrentar una responsabilidad, una acción o una decisión que debe ser tomada y ejecutada de una vez. Lo hacemos por estrés, ansiedad, perfeccionismo, miedo al fracaso, impaciencia o por sentirnos saturados de responsabilidades.

Esto no es nuevo, apuesto a que a todos nos pasa. Vamos por la vida dejando asuntos sin hacer, muchas veces inclusive sin saber cuál es el asunto y sin cumplir propósitos. Esto se puede explicar de la siguiente manera:

  • Hay ansiedad al estar ante una tarea «difícil» que se debe concluir.
  • Nuestra mente, que es poderosa, nos invita a disminuir la ansiedad con alguna otra tarea. Entonces somos exitosos en atender temas que no nos desagradan, pero que son realmente poca cosa.
  • En el fondo de nuestro ser esa actividad que debe hacerse se mantiene vigente como dolorosa y por ende, sigue la búsqueda de otras distracciones o tratamos de justificar de manera lógica el no atender lo importante de una vez por todas.

Vean que todo empieza con la ansiedad y nuestro actuar no hace más que fomentar un círculo vicioso entre ansiedad y culpa, lo que genera más ansiedad y afecta profundamente cumplir propósitos.

¿Por qué nos demoramos?

Según expertos en el tema, el asunto va más allá de un mal hábito. Es algo natural que esta dentro de nuestro ser. A continuación 5 razones:

  1. Procrastinar no es un hábito y entonces… ¡BUM! Hay conflicto con los que sí son mis hábitos. Cuando se debe hacer algo que no forma parte de nuestra rutina diaria se requiere más esfuerzo para realizarlo. Con razón no duramos mucho en el gym luego del propósito de año nuevo o nos cuesta bajar de peso. 🙂
  2. Creemos firmemente que hay un momento perfecto para actuar, el cual será… luego. Pensamos y sentimos que está bien dejar para mañana lo que podemos hacer hoy.
  3. Nos gustan las recompensas instantáneas y no hay consecuencias negativas de inmediato, por lo que sentimos que todo marcha y marchará bien.¡Claramente pagaremos tarde que temprano!
  4. La expectativa no es igual que la realidad. Puede ser que pensamos que la tarea o decisión es muy fuerte y entonces aparece esa «pereza» de empezar. O por el contrario creemos que todo será fácil y que podemos empezar luego.
  5. Tenemos miedo. Miedo de fracasar, de no alcanzar las expectativas, de no cumplir propósitos, de que las cosas de verdad nos salgan mal. Entonces, lo mejor es no hacer nada. ¡Por que el fracaso duele!

¿Qué podemos hacer al respecto?

Para dejar de procrastinar, se debe cultivar la autodisciplina. La autodisciplina es la educación de la voluntad para hacer lo que se debe hacer de forma constante.

Debemos reflexionar hasta qué punto estamos priorizando nuestros deberes de manera adecuada, vigilando no descuidar lo importante por lo urgente y entonces HACER ALGO.

En la vida no hay problemas, hay asuntos por atender. Click To Tweet

Puede servir el no hacer nada. Sí: no hacer nada que NO sea lo que se debe hacer. El ejercitar ese estado de conciencia nos llevará a proceder entonces con lo que hemos pospuesto.

Otra cosa que se vale es que cambiemos la actitud mental. Un gran maestro me enseño que en la vida no hay problemas, hay asuntos por atender. Con solo ese cambio mental los temas se vuelven menos pesados.

Finalmente, no hay nada como pasar un buen día. Entonces hagamos lo «doloroso» de primero en la mañana, así salimos de eso y nos queda tiempo para disfrutar un buen café y hacer lo que nos gusta.

Así que no deje para mañana lo que puede hacer hoy. No sabemos realmente si habrá un nuevo día.

¡Abrazooote!

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© Rodolfo Cruz Naranjo 2019